Una fábula para reflexionar

Por Cynthia Licona el 12th agosto 2009
No Gravatar

Generalmente nos cuentan fábulas cuando somos chiquitos, pero la verdad es que las fábulas son increibles, aprendemos muchísimas cosas en unos simples párrafos y después somos mejores personas.

¿Cómo olvidar la fábula del León y el Ratón? o la típica de ¿la Liebre y  la Tortuga? mucho aprendimos leyendo y ahora que hemos crecido las seguimos recordando, además de que conozco más de uno que siguen citando estas inmortales fábulas.

Es por eso que esta vez decidí publicar esta fábula títulada “Júpiter y los  animales” que escribió Jean De La Fontaine escritor Francés, espero la disfruten.


Cuentan que Júpiter, antiguo dios de los romanos, convocó un día a todos los animales de la tierra.
Cuando se presentaron les preguntó, uno por uno, si creían tener algún defecto. De ser así, él prometía mejorarlos hasta dejarlos satisfechos.
-¿Qué dices tú, la mona? -preguntó.
-¿Me habla a mí? -saltó la mona-. ¿Yo, defectos? Me miré en el espejo y me vi espléndida. En cambio el oso, ¿se fijó? ¡No tiene cintura!
-Que hable el oso -pidió Júpiter.
-Aquí estoy -dijo el oso- con este cuerpo perfecto que me dio la naturaleza. ¡Suerte no ser una mole como el elefante!
-Que se presente el elefante…
-Francamente, señor -dijo aquél-, no tengo de qué quejarme, aunque no todos puedan decir lo mismo. Ahí lo tiene al avestruz, con esas orejitas ridículas…
-Que pase el avestruz.
-Por mí no se moleste -dijo el ave-. ¡Soy tan proporcionado! En cambio la jirafa, con ese cuello…
Júpiter hizo pasar a la jirafa quien, a su vez, dijo que los dioses habían sido generosos con ella.
-Gracias a mi altura veo los paisajes de la tierra y el cielo, no como la tortuga que sólo ve los cascotes.
La tortuga, por su parte, dijo tener un físico excepcional.
-Mi caparazón es un refugio ideal. Cuando pienso en la víbora, que tiene que vivir a la intemperie…
-Que pase la víbora -dijo Júpiter algo fatigado.
Llegó arrastrándose y habló con lengua viperina:
-Por suerte soy lisita, no como el sapo que está lleno de verrugas.
-¡Basta! -exclamó Júpiter-. Sólo falta que un animal ciego como el topo critique los ojos del águila.
-Precisamente -empezó el topo-, quería decir dos palabras: el águila tiene buena vista pero, ¿no es horrible su cogote pelado?
-¡Esto es el colmo! -dijo Júpiter, dando por terminada la reunión-. Todos se creen perfectos y piensan que los que deben cambiar son los otros.
Suele ocurrir.

dibujos-animalesLa moraleja de esta fábula es que Sólo tenemos ojos para los  defectos ajenos y llevamos los propios bien ocultos, en una mochila, a la espalda.

 

Deja un comentario

Deja un comentario